Amor Salvaje

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 Cultura de El Salvador (ES) (+503) (parte 2)

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Ashly Leon
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Mensajes : 19
Fecha de inscripción : 19/08/2015
Edad : 17
Localización : La Roca del Rey

MensajeTema: Cultura de El Salvador (ES) (+503) (parte 2)   Jue Sep 03, 2015 5:39 pm

La cultura es el conjunto de expresiones y tradiciones de un pueblo y estas consisten de: Costumbres, prácticas, códigos, normas y reglas de la manera de ser, vestirse, religión, rituales, normas de comportamiento y sistemas de creencias.


Vestimenta:

En El Salvador existen diferentes tipos de trajes típicos, en la cual la mayoría son utilizados en diferentes festividades, aunque hay algunos pueblos que aún utilizan éstos. En el traje femenino es común ver elementos como un escapulario, un chal, un paño y diferentes adornos de colores, y con tela de algodón.1 y pueden estar con una falda y una blusa, o un vestido, en el calzado se usan sandalias. En el traje masculino es común ver un traje de algodón, también en la fiestas tradicionales, se utilizan jeans modernos, con una camisa de manta, en el calzado sandalias o botas, y un sombrero. Realmente son de carácter rural, y presentan diferentes variaciones dependiendo del lugar.2

Gastronomía:

Artículo principal: Gastronomía de El Salvador

Pupusas.
La cultura del maíz: el grano sagrado

La dieta básica del salvadoreño consistía hasta fechas recientes en «tortillas» (ruedas de masa de maíz, de unos quince centímetros de diámetro y uno de ancho, cocidas sobre el comal), la sal y los frijoles «parados» o frijoles sancochados. En la actualidad, la dieta se ha ampliado con arroz, verduras y algunas carnes. Durante los cortes de café aún se suelen dar las chengas, tortillas mucho más grandes y gruesas que las anteriores, hechas de maíz muy oscuro o de maicillo (gramínea de granos pequeños en haces), sobre las que se ponen frijoles y sal; algunas veces también llevan queso y otro aditamento. Estos forman parte del «con qué» o acompañamiento de las tortillas. Sería impensable una comida típica salvadoreña sin las famosas pupusas, tortillas rellenas con queso, chicharrón molido o frijoles, las más comunes («revueltas» son las que tienen más de un ingrediente). Otras, menos comunes, llevan chipilín (pequeñas hojas comestibles), pepescas (pescaditos fritos), ayotes (especie de calabaza). El plato está completo cuando a las pupusas se le echa «curtido», picadillo de repollo preparado en vinagre; se le suele agregar rodajas de cebolla y zanahoria. Algunos curtidos son especialmente picantes, al gusto del cliente. Ahora bien, las pupusas constituyen sólo uno de los muchísimos derivados del maíz. Este cereal nativo americano sigue siendo el grano sagrado se lo prepara de múltiples maneras. A la mazorca se le llama elote y se puede comer asada a las brasas, con limón y sal; cocida, se suele preparar con mayonesa, queso y otros aditamentos: son los elotes locos que se venden en las ferias populares, con un palito que atraviesa la mazorca para poder agarrarlo. Continúa el desfile de los derivados del maíz con los tamales. Los clásicos son los de gallina y consisten en unos rectángulos de masa de maíz de unos quince centímetros de largo por cinco de ancho envueltos en hojas de huerta (plátano o guineo) y rellenos con carne de pollo; algunas veces, hasta con papas, ciruelas, alcaparras, chile y recaudo (salsa). Los tamales se cuecen en peroles grandes. Los tamales de elote son elaborados con una masa compacta de maíz tierno, aunque algunas veces se tornan blanditos porque llevan leche. Se preparan en tusas (piel de la mazorca) y se comen acompañados con crema. Un miembro poco común de la familia es el conocido como tamal de viaje, tamal pisque, tamal de ceniza o nixtamal. Es mucho más grande que el de pollo y se supone que se preparaba para comerlo durante el viaje en carreta o tren por varios días, aunque es común su preparación en semana santa. Dada su sólida consistencia, el nixtamal se puede partir en pequeñas rodajas; algunas veces lleva frijoles molidos en su interior.

Bebidas de maíz
En épocas prehispánicas se hacían los totopostes, bolas, bolas endurecidas de masa de maíz que llevaban los campesinos cuando se trasladaban a trabajar en su milpa (cultivo del maíz); a la hora del almuerzo sumergían los totopostes en agua y de esta manera se formaba una especie de sopa fría, muy rica en calorías. En la actualidad, los totopostes son como panes de maíz, pero simples (insípidos). Vienen luego la especie de atoles. El más conocido es el atol de elote, líquido pastoso preparado a veces con leche; se suele acompañar con elotes cocidos o con riguas (tortas dulces de maíz). El shuco es un atol de maíz oscuro al que se le agrega un poco de alhuashte (pasta a base de semillas de ayote), unos cuantos frijoles y chile. El shuco suele venderse durante las madrugadas o al atardecer. El chilate con nuégados consiste en un atol simple (insípido), que se sirve tradicionalmente en un huacal (tazón grande) de morro, y que suele acompañarse con panecillos de yuca bañados en miel (nuégados). La chicha es otra bebida derivada del maíz a la que se pone a fermentar en vasijas que se entierran durante varias semanas. Dependiendo del tiempo que haya estado bajo tierra, la chicha puede ser sólo un refresco algo dulce o bien una bebida con un alto grado de alcohol. Por eso, y por fabricarse clandestinamente para no pagar impuestos, las «sacaderas de chicha» fueron perseguidas. Hasta una policía especial, la policía de Hacienda, recibió el mote de «La chichera» por especializarse en controlar los expendedores de la típica bebida. Otra bebida de maíz es el tiste que se hace de maíz y cacao se puedo tomar fría o caliente.

Adobos de ave, de flor, de cerdo...
Otra ejemplo de la cocina popular salvadoreña es el gallo en chicha, plato singular en cuanto que consiste en carne adobada con frutas y caldo de sabor dulce. Los panes con chumpe atraen permanentemente la atención de los paladares salvadoreños; se los adoba con salsas y ensaladas, y hay puestos de ventas que funcionan todo el año. Curiosa es la costumbre de comer la flor de izote, una estructura de flores blancas que parece un arbolito de navidad. Con ellas se hace sopa, se envuelve con huevo, y hasta las yemas y capullos son preparados en curtido para degustarlos luego con bastante limón y sal. La yuca con chicharrones o con pepesca sigue siendo un platillo bastante; se sirve tradicionalmente en hojas de huerta y consiste en trozos de yuca cocida, acompañados de curtidos y chicharrones (gordura asada del cerdo) y/o pepesca (pescaditas de río).

Refrescos

Entre los refrescos populares pueden citarse la horchata (hecha con semillas de Ayotesemillas de morro/cutuco —pepitoria—, cebada, cacao y arroz; a veces se le agrega leche), la cual suele ir acompañada con marquezote (pan dulce muy compacto) en fiestas infantiles o en rezos (novenarios); el fresco de Chan (de semillitas carnosas), el de marañón, de mango, de tamarindo (semillas ácidas de color café), de melón, de piña; el fresco de ensalada es muy singular porque lleva picadillo de {marañón, piña y otras frutas. A pocos les gustan ya los refrescos de Carao (frutas que se da en largas vainas y que tiene un olor y sabor muy penetrantes) o de Achote (de color rojo intenso y sabor algo urticante).Otra de los refrescos populares son"la chicha", una bebida natural que se forma a partir de la fermentación de la fruta(chicha) dicha bebida pude ser fermentada según la preferencia de cada quien, si se quiere normal o con poca fermentación esta se debe dejar al menos una semana, también se puede dejar por dos semanas, pero con dos semanas de fermentación esta pude llegar a ser una bebida alcohólica, aunque no tanto como la cerveza o los licores de fabrica

Dulces:

El pan dulce es obligado cuando se toma el café del desayuno o de las cuatro de la tarde. Dentro de la categoría de pan dulce entran: la semita (placas largas, rectangulares de harina, manzanas, peras colocadas en canastitas o en cajas decoradas. Por tradición, hay familias que fabrican esta clase de dulces, junto con otros como los dulces de leche, de toronja, conservas de coco, conservas de papaya, coservas de nance etcétera. Las hay de estas familias en Santa Ana y en San Vicente, ciudad especializada en los dulces de camote (tortitas o volcancitos hechos de azúcar y rellenos con jalea de camote). En las ferias aparecen profusamente los dulces pintados, elaborados a base de moldes con forma de hojas, flores y aún rostros y figuras humanas. Son de consistencia dura pero quebradiza, de color blanco, y sobre ellos se trazan rayas de colores, recalcando los rasgos del objetos representado. La canasta no estaría completa sin otros dulces comunes en las fiestas, como los de tamarindo, de nance, de zapote. A todo ello hay que añadir la preparación casera que aún se estila: mangos, jocotes e higos en miel; dulce de cáscara de naranja o de limón; dulce de ayote o de chilacayote (otra especie de calabaza) y de sandía. En fin, uno puede acabar empalagado si además prueba algunos postres caseros como el arroz con leche o el majar blanco (dulce de leche, de consistencia pastosa, adornado con polvo de canela).

Idioma:

En El Salvador el idioma oficial es el idioma castellano. La forma de hablar puede mezclar palabras de origen indígena como en la gastronomía, ocasionando lo que son los diferentes modismos o salvadoreños.3 Una pequeña cantidad de la población habla idioma pipil, como en Izalco y otros pueblos,4 actualmente no toma la necesidad de aprenderlo, o sólo es recordada por personas mayores. Entre las lenguas precolombinas están chorotega, cacaopera, idioma chortí, idioma xinca, lenca, idioma pocomam.

Las toponimias y el habla popular:

Las culturas indígenas que poblaban el continente americano antes de la llegada de los españoles hicieron un uso intensivo de la tradición oral. Existía la escritura jeroglífica5 (conservada en códices, vasijas y murales), pero estaba destinada a las clases superiores y, aun entonces, los signos servían muchas veces como recurso mnemotécnico para la explicación oral. Pipiles(toltecas llegados en sucesivas migraciones desde México central y del sur), mayas (específicamente las etnias chorti o apay y pokomames), lencas (extendidos por Honduras y el oriente de El Salvador), Kakawiras (también llamados cacaoperas o ulúas) fueron dejando huellas escritas de su estadía o de su paso por la región. En efecto, aún en nuestros días el país entero está plagado de topónimos (nombres dados a lugares específicos) de neta raíz indígena. El mestizaje cultural implicó la desaparición de muchos de aquellos nombres y la deformación fónica de otros, pero, en todo caso, incluso con ropaje de santos cristianos, muchísimos topónimos aún sobreviven.5

La toponimia pipil:

Conviene comenzar por el nombre con el que asimismo se conoce al país: Cuscatlán. Algunos lo traducen como «tierra de premios, tesoros o preseas», otros por «lugar junto a la joya».5 Joya por antonomasia era, para los pipiles, el jade, el chalchihuite. Debido a su color verde intenso, también algunas lagunas eran consideradas joyas, de modo que Cuscatlán hace referencia a un lugar ubicado cerca de un lago o de una laguna especialmente hermosa. Allí, junto a una laguna de color verde jade y rodeada de vegetación exuberante, fundaron los pipiles la capital de su reino. Otros nombres de raíz pipil especialmente significativos son: Cojutepeque (cerro de las pavas o faisanes), Acelhuate (río de ninfas y lilas), Soyapango (lugar amurallado de palmeras), Chalchuapa (laguna de los jades o chalchihuites), Guazapa (río del guas o halcón reidor), Apopa (lugar de vapores de agua), Ususlután (tierra de ocelotes o tigrillos), Suchinango (lugar defendido por flores), Zacamil (lugar sembrado de hiervas), Suchitoto (lugar del pájaro-flor)... Y así, centenares y centerares de topónimos pipiles resuenan incluso debajo de la advocación de santos cristianos: Santiago Texacuangos (Valle de altas piedras), San Juan Tepezontes (en lo estrecho del cerro), San Pedro Masahuat (donde abundan los venados), San Pedro Nonualco (los de la lengua extraña).5 Los pipiles, lencas, pokomames, chortís, ulúas o apay que habitaron El Salvador precolombino no fueron portadores ni representantes de una alta cultura.5 Ocuparon más bien un lugar periférico y marginal respecto de los grandes centros y metrópolis de Mesoamérica. Sin embargo, esos hombres y mujeres sencillos lograron impregnar de color y poesía los cerros, ríos, valles y quebradas por donde pasaban o en los que se establecían.

Topónimos lencas, ulúas, apay y pokomames:

Algunos nombres procedentes de la toponimia lenca son los siguientes: Jocoaitique (cerro poblado de mimbres), Guascatique (cerro de piedras y manantiales), Chilanguera (ciudad de las nostalgias), Gualococti (cerro de palmeras y ríos). Los ulúas o kakawiras, por su parte, han dejado los siguientes topónimos: Jocoro (bosque de los pinos orientales), Cacaopera (cerro de los cacaos), Mililihua (vertiente de los zenzontles), Jucuarán (cerro de las hormigas guerreras), Carranpinga (cerro de las flores de ilusión), Goascorán (cero de los sapos).5 Los apay o chortís no se quedaron atrás en eso de ponerle nombres hermosos a los lugares: Anguiatú (cerca del cerro de las arañas, Güija (laguna rodeada de cerros), Poy (espanto o animal nocturno).5 Finalmente, de los pokomames ha quedado alguna toponimia: Pampe (lugar de flores de jardín).5

Otras presencias indígenas en la lengua:

Ahora bien, en El Salvador el sustrato indígena no se limitó a invadir el topónimo de la lengua. También la botánica, la zoología y aun la vida cotidiana y doméstica quedaron desde entonces enriquecidas.5 Aparecieron para quedarse animales como el quetzal (ave de hermosísimo plumaje), el tacuacín (zarigüella u opossum), la masacuata (culebra con cuernos como de venados, culebra que come venaditos o culebra que corre como venado), el guas (halcón que se ríe), el tecolote (búho de mala suerte), el tenguereche (lagarto o dragoncillo), la chachalaca (gallina montesa muy alborotadora), la chiltota (oropéndola), el azacuán (halcón peregrino) y muchos animales más.5 Al idioma español le crecieron plantas y árboles de variadas características y utilidades: el chilamate (árbol mezcla de chile y amate), el quequeishque (planta de hojas grandes acorazonadas), el jiote (árbol que se despelleja), el amate (árbol de cuya corteza se hacía papel), el achiote (árbol cuyo fruto produce un tinte rojo), el ṕashte (enredadera cuyo fruto es como una esponja).5 Se multiplicaron frutos a cual más sabroso: el zapote, el guayabo, el aguacate, la zunza, el cacao, la guanaba, el güisquil, la jícama, el jocote, el ujushte, el chile, el cuchampere, el ayote, el tomate y muchos otros dignos de figurar en una larguísima cornucopia.5 En las casas y vidas cotidianas de los salvadoreños más cercanos al campo o a la vida sencilla aún se hace uso de objetos y productos raigambre indígena.5 Así, el comal (laja redonda para cocer, sobre todo, productos derivados del maíz), el metate (piedra para moler), el yagual (trapo enrollado sobre la cabeza para sostener el canasto o cesta), el tapexco (armazón para guardar alimentos, utensilios o ropa), el tecomate (calabaza en forma de pera grande para llevar agua), lo caites (sandalias rústicas), el petate (estera para dormir), amén de los alimentos y productos para la cocina conocidos por todos los salvadoreños.5 Curioso es el repertorio de nahualismos que comienzan con «ch» o «sh» usados por todos los salvadoreños indistintamente:5 chirimol (picadillo de tomate y cebolla para echarle a la carne asada), chingaste (residuos del polvo de café ya cocido), shuco (atol de maíz oscuro), chipuste (pedazo pequeño de excremento), chindondo (inflamación debida a golpe), chiche (pecho femenino), chagüiste (lodazal), chilate (atol, insípido o simple), etcétera. Y siempre en lo referente al español que se habla en El Salvador, es de notar el uso de arcaísmos de las gentes del campo:5 «Aloye» por ¿oye?, «agora» por ahora, «lo vide» por lo vi, «fierro» por hierro, «alzar» por guardar, «apiar» por bajar. Ciertas palabras son, por los demás, tan típicas de la jerga salvadoreña que prácticamente funcionan como señas de identidad. Dondequiera que se oigan, ahí está un salvadoreño.5 La lista es larga, por lo que a continuación se citan las más típicas.5 Palabras para designar a un niño «cipote», «bicho», «mono». Aunque ahora se oyen también palabras de origen mexicano (chavo, chamaco), también sigue escuchándose «chero» para referirse al amigo o a cualquier persona que se mencione. «Maishtro» (maestro) es un apelativo para referirse a determinado señor o para llamar la atención de alguien que no se conoce. «Bayunco» es aquel que se viste o comporta con mal gusto. «Chabelear» parece ser el verbo preferido de los salvadoreños porque en él se indican todas aquellas operaciones destinadas a fabricar imitaciones o reconstrucciones de objetos originalmente provenientes del exterior.

Danza:

Son los bailes populares que cumplen una función social, uno de los bailes más conocidos es el "Torito Pinto". También se encuentran "El carnaval de San Miguel", "Adentro Cojutepeque", "Ahuachapan", "El Carbonero"... Que son de los más populares. También existen otros tales como: "Las Cortadoras", "Las Floreras del Boquerón", entre otros. Estos bailes en cierta forma comprenden gran parte de la cultura salvadoreña. Se utiliza la vestimenta tradicional, y pueden representar diferentes sucesos históricos o actividades rurales, como agricultura, ganadería, son bailados por varias parejas. Pueden tener diferente coreografía dependiendo de lo que se va a representar, acompañados con música tradicional. Se suelen celebrar en distintas fechas y en diferentes lugares.6 la clasificación de estas danzas es: Autoctonas y Tradicionales

Literatura:

Artículo principal: Literatura de El Salvador
Los escritores Francisco Gavidia (1863–1955), Alberto Masferrer, Salvador Salazar Arrué, Claudia Lars, Alfredo Espino y Manlio Argueta, y el poeta Roque Dalton están entre los artistas más importantes que provienen de El Salvador.

Y naturalmente las comidas como pupusas u otros cosas son como una de las principales características del país Salvadoreño, por ejemplo:

-la Danza, la literatura, música, pinturas, etcetera.

Música y bailes:

Artículo principal: Música de El Salvador
Está la música autóctona y la música popular. El Xuc (se pronuncia Suc), conocida también como la Musica folklorica de salvadoreña, es un baile típico de El Salvador, que fue creado por Paquito Palaviccini en compania de Hugo Parrales, en Cojutepeque ubicado en el departamento de Cuscatlán en 1942, este ritmo nació con la famosa canción salvadoreña “Adentro Cojutepeque”, y fue compuesta en honor a las fiestas de la caña de azúcar.

Pintura:

Se considera que la pintura comenzó con el autor Francisco Wenceslao Cisneros. En esa época era un tiempo de diferentes fenómenos, como terremotos o de cáracter social como el neoliberalismo. Juan Cisneros (como el padre de Francisco) participó en una reunión presidida por José Matías Delgado en la que se firmó un acta protestando contra de la anexión de Centroamérica al Imperio Mexicano.7 De todos esos sucesos, este pintor se mueva a Francia, con diferentes sufrimientos que ha tenido en la vida y su porvenir8

Artesanía:

Trabajos en barro:

Una artesanía salvadoreña son las sorpresas. Bajo tapaderas que simulan frutas, huevos o gallinas (de unos cinco centímetros de alto por tres de ancho) se esconden muñecos de barro en miniatura que representan vendedoras de telas, frutas, de tortillas, de shuco, de pupusas, parejas casándose, nacimientos y hasta «picardías» de temas eróticos. Ha habido familias en Ilobasco especializadas en la fabricación de sorpresas realmente exquisitas. Lástima que la desaparición de los ancianos de la familia (caso de doña Dominga Herrera) y la urgencia de hacer grandes cantidades de sorpresas derivara en un descenso generalizado de su calidad artística. Siempre dentro del género de trabajo de barro hay quienes se dedican a la fabricación de comales, ollas, cántaros, los cuales cumplen primariamente con la labor práctica (como es en su origen todo arte popular): sirven para cocinar o para guardar alimentos y bebidas en las casas de campesinos o de gentes sencillas, pero secundariamente pueden ser comercializadas como adornos exóticos o típicos para las casas de salvadoresños de las clases media o alta. Es el caso de la cerámica de Guatajiagua, en el departamento de Morazán: desde hace unos pocos años se ha puesto de moda los comales, tarros y ollas enormes de color negro azabache para decorar la cocina o el salón del comedor de alguna casa elegante.

Tallado de madera:

En La Palma, departamento de Chalatenango, además del barro para elaborar jarros y animalitos de todo tipo, desde hace un tiempo se trabaja también la madera en talleres artesanales que hacen toda clase de adornos: cofrecitos, cuelga-llaves, servilleteros, nacimientos... También trabajan la semilla de copinol (de unos dos centímetros de largo por uno de ancho), sobre la que se pintan escenas religiosas o campestres. El hecho es que proyectos artesanales como el de La Semilla de Dios, iniciado por Fernando Llort, han dado a conocer las artesanías de la región a escala internacional. Por lo que respecta a la madera, también hay que señalar la existencia de lugares donde se fabrican imágenes para las iglesias. Tradición que viene desde la época colonial, aún ahora encuentra continuadores: cristos e imágenes de santos se elaboran por encargo en Izalco, Sonsonate y Ataco, departamento de Ahuchapán. También las máscaras para historiantes se elaboran en esos talleres de larga tradición. Los cayucos o lanchas son típicos de zonas lacustres o costeras, como en Puerto El Triunfo, departamento de Usulután; se hacen del tronco del árbol de conacaste e implican una larga y paciente labor de tallado.
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